Diseñar con propósito público: sobre el rol del diseño en los procesos de transformación del Estado
En Unit, entendemos el diseño como una capacidad estratégica que permite articular actores, generar valor público y habilitar nuevas formas de colaboración intersectorial.
En los últimos años hemos visto cómo el diseño, como práctica y como disciplina, ha sido incorporado en agendas de innovación pública en América Latina. Pero aún hoy, su potencial transformador se reduce muchas veces a una colección de herramientas metodológicas aplicadas de forma puntual, más que a una capacidad estratégica instalada en las instituciones. Este reduccionismo impide ver el verdadero aporte del diseño a los procesos de transformación del Estado: su capacidad de articular acción colectiva, crear sentido compartido y hacer tangible lo que, en lo público, suele parecer abstracto o inabordable.
Durante la conformación y consolidación del Laboratorio de Gobierno de Chile, que este año cumple 10 años — y que tuve el privilegio de estudiar y acompañar—, el diseño no fue solo una forma de repensar servicios públicos; fue una estrategia política e institucional para abrir espacios de colaboración, poner en el centro a las personas usuarias, y generar nuevas formas de gobernanza. El diseño permitió convertir barreras políticas y organizacionales en “materias de diseño”: problemas que pueden ser explorados, discutidos y rediseñados colectivamente.
Ese enfoque sigue siendo urgente hoy. Frente a desafíos públicos complejos, el diseño no debe limitarse a facilitar talleres o prototipar soluciones. Su aporte real está en cómo habilita formas distintas de comprender lo que está en juego, construir legitimidad desde la experiencia y generar alternativas viables para actuar desde lo público.
En Unit hemos aprendido que la innovación pública no sucede en el vacío. Requiere de marcos institucionales, capacidades instaladas, actores comprometidos y una voluntad de transformación que no siempre es evidente. Por eso apostamos por un Diseño Público que trasciende la estética y lo metodológico, para instalarse como una forma de trabajo y una estrategia de cambio sistémico.
Hoy más que nunca, necesitamos diseñar con propósito público. Tanto al interior del Estado como en aquellas organizaciones que aun siendo privadas sirven a un propósito común. Necesitamos hacerlo desde dentro de las instituciones, pero también desde los márgenes, tejiendo nuevas relaciones entre sectores, saberes y territorios. Porque diseñar lo público no es tarea de un sector en particular: es una tarea colectiva, política, profundamente ética y por sobre todo con un impacto real en la vida de las personas.
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