Identificando claves para impulsar las Industrias Culturales y Creativas en América Latina.
Una mirada desde la coordinación interinstitucional para el desarrollo de las ICC en la región.
En 2022, junto a UNIT, iniciamos un proyecto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para fortalecer las Industrias Culturales y Creativas (ICC) en el sur-sureste de México. Buscábamos, a través de mesas ejecutivas interinstitucionales, establecer una metodología de trabajo a largo plazo que facilitara la colaboración intersectorial y el trabajo conjunto entre actores públicos y privados, permitiendo construir agendas compartidas y destrabar los cuellos de botella que limitaban el desarrollo de las ICC.
La premisa que sostuvo este trabajo es la que he defendido en distintos roles y espacios profesionales: el trabajo desarticulado genera ineficiencias. En demasiadas ocasiones, múltiples instituciones y organizaciones operan en paralelo, persiguiendo objetivos similares sin mecanismos efectivos de coordinación, lo que diluye los impactos y debilita las políticas.
El proyecto se desarrolló en dos etapas. En una primera fase, implementamos mesas ejecutivas en Oaxaca, Yucatán y Chiapas, estados priorizados por su potencial en el desarrollo de las ICC. En un segundo año, el foco estuvo en dar continuidad a las mesas de Oaxaca y Yucatán, e incorporar un nuevo estado: Campeche. A pesar de las diferencias territoriales e institucionales, en ambos años enfrentamos desafíos similares y obtuvimos aprendizajes relevantes para su implementación.
Uno de ellos fue explícitamente señalado en la publicación correspondiente a la versión 2023 del proyecto (ver publicación aquí): para que iniciativas de este tipo funcionen, se requiere un “dueño político”, es decir, liderazgo institucional con interés real en incorporar estos temas en la agenda de desarrollo. Este aprendizaje nos acompañó para el trabajo realizado en 2024. Utilizando la misma metodología de mesas ejecutivas, este año dimos un giro en el enfoque y más que destrabar cuellos de botella, buscamos avanzar hacia acuerdos de acción de corto, mediano y largo plazo, capaces de articular una narrativa común y, sobre todo, una hoja de ruta concreta con una visión de desarrollo para las ICC en cada estado. ¿Por qué? Porque constatamos que aún era necesario construir un relato políticamente consciente, capaz de dialogar con las prioridades y lenguajes de los distintos actores involucrados.
Por ello, en la segunda publicación desarrollada junto al BID decidimos enfocarnos en identificar “claves” para incorporar a las ICC en las estrategias de desarrollo productivo del sur-sureste. Se trató de un esfuerzo de síntesis de casi tres años de trabajo, pero también de un ejercicio para poner en valor —desde la evidencia y la experiencia— el rol de las ICC como motor de desarrollo económico, social y turístico.
Lo interesante es que estas “claves”, acompañadas de ejemplos concretos surgidos del propio proyecto, no son exclusivas del contexto mexicano. Por el contrario, resultan extrapolables a otros países de América Latina, donde los desafíos de coordinación institucional, desarrollo de capacidades y posicionamiento político del sector cultural son ampliamente compartidos.
Abordar estos aprendizajes desde este enfoque permite traducirlos en condiciones concretas de política pública, identificando los factores que habilitan —o bloquean— la integración efectiva de las Industrias Culturales y Creativas a las estrategias de desarrollo. El objetivo es mover la conversación desde el reconocimiento simbólico del sector hacia su comprensión como componente estratégico del desarrollo: no como un accesorio, sino como un conjunto de decisiones, capacidades y arreglos institucionales que pueden —o no— activarse en los territorios.
Precisamente porque estos retos se repiten en la región, el Mapa de Diseño Público de América Latina busca enfrentarlos construyendo una mirada regional, situada y colaborativa sobre cómo se diseña —y se sostiene— la innovación pública en nuestros territorios. Si eres parte del ecosistema, te invitamos a sumarte respondiendo la encuesta en el enlace. La encuesta se cierra hoy a las 23:59 (hora de Chile, GMT-3).
De los aprendizajes a las claves para impulsar las ICC en América Latina
A continuación, presento una síntesis de las principales claves que identificamos a lo largo de este proceso, e invito a profundizar en la publicación completa desarrollada junto al BID disponible en el siguiente enlace.
La clave 0: Consolidar metodologías para definir estrategias
Antes de entrar en las claves propiamente tales, hay una que se vuelve evidente al releer el reporte y que atraviesa a todas las demás, y que podríamos llamar una meta-clave: la importancia de consolidar metodologías, sistematizar aprendizajes y hacerlos replicables.
En UNIT utilizamos metodologías de co-diseño para la instalación y el funcionamiento de las Mesas Ejecutivas, partiendo de una convicción básica: el valor no está sólo en reunir actores diversos, sino en cómo se estructura ese trabajo colectivo. Este énfasis metodológico fue fundamental para transformar las mesas en verdaderos dispositivos de coordinación intersectorial, y no en simples espacios de conversación.
El ejercicio de sistematizar —y, en el caso de esta publicación, traducir esos aprendizajes en “claves”— resulta fundamental si queremos escalar impactos y avanzar hacia proyectos con mayor incidencia regional. Mesas de trabajo y espacios de colaboración existen en muchos territorios; lo distintivo de esta experiencia fue el esfuerzo deliberado por establecer mecanismos concretos de trabajo: talleres con objetivos claros, matrices de priorización, actas de acuerdos, compromisos interinstitucionales y esquemas de seguimiento.
Estos formatos, aparentemente simples, resultaron decisivos para mejorar la eficiencia del trabajo, reducir la dispersión de esfuerzos y sentar un estándar compartido. La mesa, en este sentido, no es una mera reunión: es un dispositivo metodológico que articula diagnóstico, priorización, acuerdos y seguimiento. Sin metodología, la colaboración se diluye; con ella, se transforma en estrategia.
Esta clave inicial instala una pregunta de fondo que atraviesa muchos proyectos en la región: ¿cómo pasamos de experiencias piloto a políticas sostenibles en el tiempo? Parte de la respuesta está, justamente, en la capacidad de documentar, compartir y adaptar metodologías que funcionen en contextos institucionales diversos.
Clave 1: Liderazgo y voluntad política
Una y otra vez, el proyecto confirmó que el liderazgo y la voluntad política son condiciones habilitantes. Para que iniciativas de este tipo funcionen, se requiere un “dueño político”: una autoridad o institución con interés real en incorporar a las ICC en agendas de desarrollo más amplias, capaz de articular actores y sostener el proceso en el tiempo.
El liderazgo político no implica necesariamente centralizar decisiones, sino asumir un rol de articulación, dar legitimidad al espacio y habilitar condiciones para la colaboración intersectorial. En los casos en que esto ocurrió, las mesas avanzaron con mayor claridad estratégica; donde no, los esfuerzos tendieron a dispersarse.
Esta clave es particularmente relevante para América Latina, donde muchas veces las ICC cuentan con reconocimiento discursivo, pero carecen de un anclaje político sostenido. Sin voluntad política real, la cultura queda relegada a iniciativas aisladas; con liderazgo, puede convertirse en una política pública que integre ministerios y se articule con otras agendas.
Clave 2: Capacidades e incentivos para la colaboración
El desarrollo de las ICC no depende únicamente de la visión estratégica o de la voluntad política. Requiere también capacidades instaladas —tanto en el sector público como en el privado— y, sobre todo, incentivos adecuados para la colaboración.
En las Mesas Ejecutivas se evidenció que muchos equipos públicos enfrentan brechas de capacidades específicas para trabajar con el sector cultural y creativo: comprensión de las cadenas de valor, conocimiento de modelos de negocio culturales, manejo de instrumentos de fomento adecuados o capacidades para articular agendas intersectoriales. Del lado privado, también emergieron brechas vinculadas a la profesionalización, los conocimientos tributarios y la comprensión del funcionamiento del Estado, así como de sus tiempos y lógicas.
A esto se suma otro elemento: la colaboración no ocurre solo por buena voluntad, sino cuando existen incentivos claros y alineados. Si la participación en estos espacios no se traduce en beneficios concretos —mejores instrumentos, mayor coordinación, incentivos tributarios, cumplimiento de indicadores de gestión, agendas legislativas, entre otros—, el compromiso tiende a diluirse.
Por ello, fortalecer capacidades e introducir incentivos explícitos para la colaboración es una condición central para el éxito de las agendas de desarrollo intersectorial. No basta con convocar: es necesario diseñar condiciones que hagan valioso y sostenible el trabajo conjunto.
Clave 3: Integrar las ICC a agendas estratégicas mediante alianzas público-privadas
Las ICC despliegan su mayor potencial cuando dejan de pensarse como un sector aislado y se integran a agendas estratégicas de desarrollo productivo, turismo, innovación o desarrollo urbano. En ese cruce, la cultura deja de operar únicamente en el plano simbólico y comienza a generar valor económico, empleo y posicionamiento territorial.
En el sur-sureste de México, esta integración permitió vincular sectores como el turismo, el audiovisual, las artesanías, las nuevas tecnologías, la gastronomía y el desarrollo territorial, ampliando el impacto y la relevancia política de las ICC. Las alianzas público-privadas emergieron como un mecanismo fundamental para esta integración, al permitir conectar capacidades y recursos: donde unos veían una necesidad, otros identificaron una oportunidad de inversión. Así, en Yucatán, las primeras iniciativas para la consolidación de un catálogo de locaciones fueron lideradas y financiadas por productoras locales.
El sector audiovisual ilustra bien este círculo virtuoso. El desarrollo de filmaciones en una ciudad no impacta únicamente al sector audiovisual, sino que activa una red más amplia de servicios y cadenas productivas: turismo —al visibilizar territorios—, industria hotelera, gastronomía, servicios de equipamiento, nuevas tecnologías y proveedores locales que deben ser contratados para una producción. En este contexto, la articulación público-privada no solo facilita la integración de las ICC a agendas estratégicas, sino que amplía sus oportunidades de financiamiento y su inserción en otras dinámicas productivas.
Esta integración y el fortalecimiento de alianzas no solo benefician al sector creativo, sino que también contribuyen a diversificar las economías locales, generar empleo y posicionar a las ciudades desde su identidad y valor cultural.
Clave 4: Formalización, condiciones laborales y profesionalización
El proyecto también puso en evidencia desafíos estructurales que atraviesan al sector creativo en la región: altos niveles de informalidad, precariedad laboral y bajos niveles de profesionalización.
Si bien las ICC son reconocidas por su capacidad de generar valor económico y social, este valor no siempre se traduce en condiciones laborales dignas y sostenibles para quienes trabajan en el sector. Abordar estas brechas es indispensable si se quiere consolidar a las ICC como un motor de desarrollo de largo plazo.
Las Mesas Ejecutivas permitieron visibilizar la necesidad de avanzar en instrumentos que promuevan la formalización, el acceso a financiamiento, la capacitación y la profesionalización. Sin estas condiciones, el crecimiento del sector se sostiene sobre bases frágiles y difíciles de escalar.
Esta clave invita a mirar el desarrollo de las ICC no solo desde la lógica del crecimiento económico, sino también desde la calidad del empleo y la sostenibilidad laboral de los proyectos creativos.
Clave 5: Continuar generando evidencia para la toma de decisiones
Finalmente, una clave transversal es la necesidad de seguir produciendo información, datos y evidencia que permitan visibilizar el impacto de las ICC y fortalecer su posicionamiento en las agendas de desarrollo.
En muchos contextos, las ICC enfrentan dificultades para posicionarse en las agendas de desarrollo debido a la falta de indicadores claros, datos comparables y evidencia sistemática. En nuestra experiencia con el proyecto contar con información concreta —sobre impacto económico, empleo, encadenamientos productivos o efectos territoriales— fue fundamental para dialogar con los tomadores de decisión, especialmente cuando estos provienen de otras carteras como economía, emprendimiento o turismo.
Generar evidencia no es solo un ejercicio académico, sino una herramienta política y estratégica. Permite justificar inversiones, diseñar mejores instrumentos y sostener a las ICC en el tiempo, incluso frente a cambios de gobierno o variaciones en las prioridades políticas.
De las claves a la implementación de políticas: los próximos pasos
A través de estas claves —que pueden parecer simples, pero cuya implementación es compleja— buscamos consolidar aprendizajes y, como señalamos desde un inicio, traducirlos en ámbitos accionables para la implementación de políticas públicas que fortalezcan la cultura y la creatividad como parte de las estrategias de desarrollo de los países.
Sin entrar en la discusión sobre si el arte y la cultura son valiosos en sí mismos —algo de lo que no tengo dudas—, el desafío que enfrentamos hoy es avanzar de manera estratégica en el diseño e implementación de políticas públicas de largo plazo para un sector que, a pesar de su alto potencial, aún presenta desventajas estructurales. Tampoco tengo dudas —y la evidencia así lo demuestra— de que la cultura y la creatividad son esenciales para el desarrollo de los países, la generación de empleo y la construcción de economías más sostenibles. El punto, entonces, no es seguir afirmando su importancia, sino crear las condiciones para que esa importancia se traduzca en políticas efectivas, capaces de sostenerse en el tiempo e integrarse de manera consistente a las agendas de desarrollo de América Latina.








