Imaginar la burocracia
Conversaciones de Innovación para América Latina – Capítulo 2: Charles Landry
Conversaciones de Innovación para América Latina es una serie especial del podcast Futuro Público, en colaboración con UNIT, en la que exploramos cómo el diseño puede ayudarnos a enfrentar los desafíos de nuestras ciudades, instituciones y la vida colectiva en la región, en contextos de creciente complejidad. En este capítulo, conversamos con Charles Landry.
«Burocracia creativa» suena a contradicción, y eso es exactamente lo que su autor busca. Charles Landry —pensador urbano británico, autor de The Creative City y fundador del Creative Bureaucracy Festival— lleva más de dos décadas insistiendo en que la primera transformación pública es semántica: si la palabra «burocracia» evoca algo rígido, lento y opaco, difícilmente podremos diseñar instituciones distintas.
En este segundo capítulo de Conversaciones de Innovación para América Latina, Ángela Galeano conversa con Landry sobre el futuro de las burocracias en el siglo XXI. La pregunta de fondo: ¿cómo abrir espacios de creatividad institucional sin perder la estabilidad, la equidad y la transparencia que las burocracias deben garantizar?
Lo lineal ya no alcanza
La intuición de Landry es estructural. Las administraciones públicas fueron diseñadas para problemas lineales —construir una carretera, recaudar un impuesto, emitir un certificado— pero hoy enfrentan lo que él llama wicked problems: desafíos que conectan lo económico, lo social y lo ambiental al mismo tiempo, sin solución única ni respuesta predecible.
Su distinción es clara: ir a la luna es complicado; criar a un hijo es complejo. Lo complicado puede planificarse con cálculo. Lo complejo responde, cambia, se reorganiza. Las instituciones siguen operando con manuales lineales frente a problemas que se comportan como el segundo. La burocracia creativa no busca destruir lo que funciona, sino agregar lo que hoy escasea: capacidad de imaginar respuestas que el manual no contempla.

«Sí, si» en lugar de «no, porque»
Una de las consignas más conocidas de Landry resume su agenda: pasar de una cultura del no, porque a una del sí, si. No se trata de eliminar restricciones, sino de cambiar el primer movimiento conversacional dentro del aparato público. El no, porque cierra; el sí, si abre una negociación sobre las condiciones para que algo pueda probarse.
Esa lógica explica por qué los pilotos, los hackathones y los laboratorios cívicos importan: son dispositivos para autorizar la experimentación dentro de instituciones que, por diseño, prefieren la previsibilidad. Pero Landry advierte que el desafío real no es lanzar más experimentos, sino normalizarlos. Y eso, reconoce, es ante todo una disputa de poder: redistribuir quién decide qué se prueba y qué se descarta.
Los ejemplos son concretos. MindLab en Dinamarca, el e-government estonio, el Laboratorio para la Ciudad de Gabriella Gómez-Mont en Ciudad de México, las superilles de Barcelona, las madres inmigrantes aprendiendo finés junto a sus hijos en Helsinki, o el premio al fracaso de 5.000 euros en Helsingborg. Cada uno es pequeño. Su valor está en lo que normalizan.
«¿Cómo creamos las condiciones para que las personas piensen, planifiquen y actúen con imaginación para resolver problemas?» — Charles Landry
América Latina como hotspot
Cuando la conversación gira hacia la región, Landry invierte la pregunta. No le interesa explicar por qué la burocracia creativa sería relevante para América Latina; le interesa entender por qué la región es hoy uno de los lugares del mundo donde más innovación pública está ocurriendo. Identifica cuatro razones: una cultura cívica densa, burócratas inteligentes atrapados en sistemas anticuados que se ven forzados a pensar de costado, una tradición de movilización desde las bases, y la necesidad —la urgencia de problemas que no admiten esperar—.
Cita Porto Alegre y sus 8.000 proyectos de presupuestos participativos, la acupuntura urbana de Curitiba, los payasos y tarjetas que Antanas Mockus desplegó en Bogotá. Lo que esos casos comparten no es genialidad individual: es articulación intersectorial sostenida en el tiempo, infraestructura de colaboración que permitió a una idea pasar del piloto a la práctica común.
Ese diagnóstico es el que motiva la alianza entre UNIT y el Creative Bureaucracy Festival —el encuentro anual fundado por Landry en Berlín, que reúne cada junio a más de 2.000 participantes de 40 países—. Como partner regional, UNIT articulará la presencia latinoamericana en el festival para conectar esa conversación global con la región: dar visibilidad a los proyectos que ya están ocurriendo, conectar a sus protagonistas y construir bienes públicos a partir del intercambio.
Diseñar la imaginación pública
La conversación con Landry condensa la pregunta que ordena el trabajo de UNIT: cómo construir capacidades públicas a la altura de los problemas que enfrentan. No simplificar la realidad para que quepa en el organigrama, sino instalar inteligencia colectiva, diseño de servicios y formas de articulación que permitan a las instituciones aprender al ritmo del sistema que regulan.
La burocracia creativa, leída así, no es un eslogan ni una estética: es la afirmación de que el diseño público puede transformar lo que hoy parece estructuralmente rígido.

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