Más allá de la tecnología: lecciones para el diseño de ciudades inteligentes en América Latina
Lo que aprendimos al acompañar procesos de transformación digital en ciudades de la región y las preguntas que siguen abiertas. Por Rafael Franco, Diseñador Estratégico en Unit.
Rafael Franco es diseñador estratégico en UNIT, donde acompaña procesos de innovación pública y de transformación digital territorial en América Latina. En este artículo comparte los aprendizajes que emergen de su experiencia directa al trabajar con ciudades y gobiernos de la región: las tensiones que observa, los patrones que se repiten y las preguntas que siguen abiertas.
¿Por qué las ciudades latinoamericanas invierten millones en tecnología, pero pocas logran transformaciones reales? ¿Estamos construyendo un desarrollo centrado en las personas o seguimos liderando la transformación digital desde la tecnología?
UNIT lleva años trabajando en estas preguntas, explorando la intersección entre derechos digitales y desarrollo urbano junto a CAF y ONU-Habitat -una agenda documentada en este artículo sobre la plataforma global por la transformación digital con enfoque de derechos- y abriendo caminos para profundizar en una digitalización al servicio de la ciudadanía.
Este año hemos tenido la oportunidad de seguir explorando estas preguntas mediante distintos procesos de diseño estratégico vinculados a las ciudades inteligentes y a la transformación digital territorial en la región. Trabajar simultáneamente a escala regional -desde la mirada ecosistémica de instituciones multilaterales- y a escala territorial -desde la realidad concreta de ciudades específicas- nos permitió contrastar perspectivas, identificar patrones comunes y comprender mejor las condiciones habilitantes que las ciudades latinoamericanas necesitan para avanzar hacia modelos de desarrollo urbano más inteligentes, sostenibles e inclusivos.
Este artículo sintetiza los principales aprendizajes de esa experiencia, con el objetivo de aportar orientaciones transferibles para quienes buscan facilitar agendas de transformación digital territorial con impacto real.
Lo que encontramos: un paisaje complejo y desigual
No existe una receta única. Identificamos ciudades con contextos radicalmente diferentes: desde las que cuentan con agencias especializadas, centros de datos sofisticados y sistemas urbanos interconectados, hasta municipios donde el desafío principal sigue siendo la conectividad básica. En el medio, hay un amplio grupo de ciudades que tienen estrategias o iniciativas piloto, pero les falta la infraestructura, los recursos o las capacidades institucionales para dar el siguiente salto.
Aprendimos también que la madurez digital es asimétrica. Una ciudad puede estar muy avanzada en el uso de datos, pero con una gobernanza frágil; o puede tener una infraestructura tecnológica sofisticada y, al mismo tiempo, carecer de una cultura de datos o de participación ciudadana que le permita aprovechar ese capital. Esta complejidad implica que cualquier estrategia de ciudades inteligentes debe ser contextual y modular, adaptándose a las fortalezas y debilidades específicas de cada territorio.
A partir de este panorama, identificamos cuatro desafíos estructurales que atraviesan prácticamente todas las ciudades latinoamericanas, independientemente de su nivel de desarrollo.
Cuatro desafíos que se repiten
1. La agenda digital no llega a la mesa de decisiones políticas
Las agendas de ciudades inteligentes tienden a quedarse atrapadas en oficinas técnicas o laboratorios de innovación, sin penetrar en el ámbito de la toma de decisiones políticas donde realmente se asignan recursos y prioridades. Este fue quizás el desafío más recurrente que escuchamos.
El problema tiene dos caras. Por un lado, los incentivos: para un alcalde, la transformación digital compite con prioridades más tangibles y con mayor rédito político -obras viales, escuelas, hospitales-. Por otro lado, la comunicación: los equipos técnicos siguen hablando en términos de interoperabilidad y estándares, cuando lo que interesa en el ámbito político es impactar en indicadores clave de la ciudad, como la reducción de la criminalidad o la mejora de los tiempos de movilidad.
Sin liderazgo político, incluso las mejores iniciativas técnicas luchan por sobrevivir. Considerar a los alcaldes como stakeholders centrales de cualquier estrategia de ciudades inteligentes no es opcional: es fundamental.
2. Silos institucionales que frenan soluciones transversales
¿Cómo enfrentar la falta de articulación interinstitucional que genera silos operativos y dificulta la implementación de soluciones transversales? Este desafío se repite incluso en ciudades con ecosistemas de innovación sólidos.
En nuestros diagnósticos encontramos poca colaboración entre actores del ecosistema de innovación, falta de claridad sobre fuentes y responsables de datos, y baja interoperabilidad entre sistemas y entidades. Como nos dijo un participante: “Tenemos los recursos, tenemos la voluntad, pero cada entidad trabaja en su propio silo. Cuando queremos implementar algo que cruce servicios, nos encontramos con 5 sistemas incompatibles, 3 normativas contradictorias y 7 reuniones de coordinación que nunca llegan a nada.”
El reto no es solo tecnológico, sino también de coordinación. Sin articulación institucional, la tecnología es una infraestructura subutilizada.
3. La brecha de talento y capacidades de gestión
Aquí hay dos dimensiones críticas. La primera es técnica: la escasez de talento calificado y la dificultad de las ciudades para competir con el sector privado por los mismos perfiles. No es raro que un funcionario se capacite en analítica avanzada y, al poco tiempo, migre a una empresa que ofrezca mejores condiciones.
La segunda es gerencial: muchas ciudades aspiran a modelos altamente sofisticados de gestión de datos cuando una aproximación progresiva -comenzando por capacidades básicas y escalables- resulta más realista y sostenible. Y un punto crítico que se repite: la falta de capacidades para estructurar proyectos financiables. Aunque exista voluntad política e incluso recursos disponibles, muchas ciudades carecen de herramientas para estimar costos, formular términos de referencia o construir casos de negocio viables.
4. El ciclo mortal del piloto exitoso
Hay un patrón que se repite con frustrante frecuencia: una ciudad lanza un piloto exitoso, genera entusiasmo, se acaba la financiación de cooperación técnica, no hay presupuesto para escalar… y el proyecto muere o queda archivado.
La sostenibilidad financiera a mediano plazo es uno de los principales desafíos para estas iniciativas. Muchos laboratorios y unidades de innovación pública nacen con financiamiento inicial, pero enfrentan dificultades para consolidar modelos autosostenibles una vez que se agotan los recursos de arranque o cambia el ciclo político. Pensar en modelos de negocio -consultoría a otras entidades, desarrollo de soluciones tecnológicas, gestión de fondos de innovación- no es un lujo: es una condición de supervivencia.
Caminos estratégicos para avanzar
Estos aprendizajes no apuntan a fórmulas universales. Son orientaciones estratégicas construidas a partir de la experiencia en ciudades de distintos niveles de madurez, que pueden servir como marco de referencia para quienes buscan impulsar transformaciones reales.
1. Liderar desde las personas, no desde la tecnología
Los alcaldes no se motivan con plataformas de interoperabilidad; se motivan a reducir los tiempos de espera en hospitales, mejorar la seguridad ciudadana o aumentar la recaudación tributaria.
En la práctica, esto significa:
Construir narrativas de impacto social, no tecnológico: En vez de comunicar: “Implementaremos sensores IoT y analítica predictiva”, comunicar: “Reduciremos en 30% los tiempos de respuesta de ambulancias salvando 200 vidas al año”.
Anclar las iniciativas a prioridades nacionales y globales: conectar cada proyecto con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los Planes Nacionales de Desarrollo, las Agendas de cambio climático o los Indicadores de gestión estratégicos para el gobierno nacional.
Diseñar una comunicación diferenciada por audiencia: para alcaldes, presentaciones ejecutivas enfocadas en el impacto político y en indicadores de gestión. Para secretarios de hacienda, casos de negocio con ROI claros. Para equipos técnicos, detalles de arquitectura o estándares de interoperabilidad.
2. Fortalecer ecosistemas de innovación pública y capacidades de estructuración
Un desarrollo genuino como ciudad inteligente tiene que empezar por las capacidades y las formas de trabajo internas. Sin articulación no hay materia prima para soluciones innovadoras; sin capacidades de estructuración, no hay forma de convertirlas en proyectos escalables y financiables.
En la práctica:
Crear espacios de articulación multisectorial con un mandato claro, presupuesto propio y equipo dedicado, que faciliten retos de innovación abierta, hackatones con datos reales y encuentros entre actores diversos.
Invertir en capacidades de estructuración de proyectos: diagnosticar y priorizar, formular términos de referencia técnicos, estimar costos con criterio y estructurar esquemas legales y financieros viables.
3. Diversificar y escalar modelos de financiación
La inversión pública tradicional no será suficiente para cerrar la brecha digital urbana.
En la práctica:
Aprovechar instrumentos multilaterales más allá del crédito tradicional: cooperaciones técnicas no reembolsables, créditos basados en resultados, créditos cuasi-soberanos para empresas públicas, préstamos vinculados al clima.
Estructurar alianzas público-privadas reales: concesiones donde el privado invierte CAPEX y la ciudad paga por servicio, co-inversión en infraestructura digital, fondos GovTech con la ciudad como “cliente ancla”.
Aprovechar las utilities como vehículos de financiamiento: las empresas públicas de agua, energía y telecomunicaciones ya cuentan con infraestructura desplegada, capacidad de endeudamiento propia y relación directa con los ciudadanos.
4. Explorar colaboraciones sur-sur
América Latina, históricamente, mira hacia el Norte Global en busca de capacidades y soluciones. Pero para muchas ciudades, estas colaboraciones están fuera de su alcance y, además, corren el riesgo de reproducir patrones que introducen soluciones inadecuadas para nuestro contexto. La colaboración entre ciudades latinoamericanas -que comparten desafíos estructurales similares- puede ser más efectiva, más accesible y más pertinente.
Reflexión final
América Latina atraviesa un momento crucial para su desarrollo urbano. Nuestras ciudades enfrentan desafíos complejos que requieren soluciones igualmente sofisticadas, pero la transformación digital territorial no se resuelve con más tecnología: se resuelve con mejores preguntas, mejor articulación y mayor voluntad política.
Lo que la experiencia de distintas ciudades de la región me confirma es que, cuando existe liderazgo político claro, colaboración multisectorial genuina y apoyo estratégico de actores regionales, es posible ir más allá de la adopción de tecnología y comenzar a construir capacidades sistémicas para innovar, aprender y adaptarse.
Quedan preguntas abiertas que me parecen fundamentales: ¿Cómo sostener estas capacidades más allá de los ciclos políticos? ¿Cómo evitar que los laboratorios y las estrategias digitales se transformen en nuevas capas burocráticas? ¿Y cómo escalar la colaboración sur-sur sin reproducir las mismas asimetrías que criticamos del Norte Global?
Desde UNIT seguiremos acompañando a ciudades, gobiernos y organizaciones en estas búsquedas. No desde certezas cerradas, sino desde la convicción de que el diseño estratégico y participativo puede ayudarnos a formular mejores preguntas y a construir, colectivamente, los territorios que queremos habitar.


